El debate sobre la energía nuclear ha vuelto a ser tema de actualidad a raíz de la tragedia desatada por el terremoto nipón. Los medios de comunicación de todo el mundo han convertido la central de Fukushima, al noreste de Tokio, en el escenario principal de sus noticias tras producirse varias explosiones en los reactores de ésta. Titulares alarmantes sobre la amenaza nuclear, así como declaraciones de expertos en materia ambiental alertando de los daños que puede provocar este tipo de energía, se han convertido en temas candentes en la agenda de los medios.
Los daños que se han producido en la central japonesa han demostrado que las plantas nucleares son inseguras y que esta fuente de energía tiene más de negocio de lo que se piensa. Países como Alemania, Francia o Estados Unidos están dando un giro en su política de protección ambiental. Hace unos días, la canciller federal Ángela Merkel, anunció el cierre de las centrales alemanas más antiguas. Poco a poco, la afirmación de que estamos ante una energía limpia, barata y segura se desvanece y deja paso a lo que parece un negocio de beneficios privados a costa de una amenaza importante a la salud pública. La liberación de radiactividad provoca la contaminación de la tierra, el agua y el aire, y afecta tanto a los cultivos como a los animales y los seres humanos, con el desarrollo de cáncer de tiroides como principal riesgo.
Ya es hora de que la industria y las autoridades sustituyan el uso de la energía nuclear por el de las energías renovables, lo que supondría el cambio de una práctica insegura a una socialmente responsable y la recuperación del compromiso con la salud de los ciudadanos.
David Molina Vázquez.

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