domingo, 6 de febrero de 2011

El fin de la paciencia


Las manifestaciones que tienen lugar desde hace días en algunos países árabes, como Túnez y Egipto, pretenden marcar un punto y aparte en su historia. La sociedad civil exige el fin irreversible de las míseras condiciones de vida a la que tienen que enfrentarse a diario millones de personas que ya no aguantan más los opresores regímenes dictatoriales que llevan soportando varias décadas.

Exigen libertades, dejar de ser súbditos para convertirse en ciudadanos, que los intereses por los que se luche sean aquellos que incidan en el pueblo y no en el bolsillo de los gobernantes. La rabia se lee en sus miradas. En la plaza de La Libertad de Egipto, cristianos y musulmanes rezan frente a los tanques militares. Muchos de ellos unen sus voces en pro de la dignidad que tanto anhelan. Hosni Mubarak, el presidente egipcio, se niega a dejar el mando.

Los dictadores luchan por seguir en el poder, y los ciudadanos demandan la libertad y la necesidad de un cambio de sistema político. Autoritarismo y corrupción frente a la presión del pueblo, que quiere dejar de ser el rebaño para convertirse en dueño de su propio destino. Ha llegado el momento de la rebelión, de eliminar los obstáculos que impiden la vida digna que exigen y que, como seres humanos, les corresponde.

Los movimientos de revuelta piden en las calles la caída de los dictadores y la defensa de las libertades civiles. Mientras tanto, las grandes potencias occidentales, que consagran en sus Constituciones los derechos humanos y la democracia, no condenan  las dictaduras del mundo árabe. Incoherencias entre teoría y práctica.

David Molina Vázquez.

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